Clarísimo: El simple ejemplo que demuestra cómo las AFP se roban la mayor parte de nuestros ahorros.

Una realidad indignante y al mismo tiempo, queda como algo obvio. Un simple cálculo, basado en las cifras oficiales que las AFPs entregan a sus afiliados que se pensionan en proporción al ahorro logrado, deja de manifiesto la oscura manera en la que estas entidades se dejan en sus bolsillos la mayor parte de lo que una persona logró reunir en 30 a 40 años de trabajo. Lea y juzgue usted.

Comencemos:

Usted, Juan Pérez, de 65 años, después de toda una vida de trabajo, logró reunir la cifra de 56 millones de  pesos en su AFP. Sobre esa cifra, se calculará entonces el monto de su jubilación.

De acuerdo a lo que una AFP le entrega de acuerdo a las cifras oficiales a un afiliado por ese monto, nos encontraremos con que usted debiese recibir hasta los 80 años (180 meses) una pensión mensual de $210.000.

Si la AFP deposita su dinero en un banco, a un interés de 0,3% mensual por cada millón de pesos depositado (es lo que tradicionalmente paga el banco), entonces en total el banco le paga a la AFP mensualmente $165.000 por guardar el dinero que le pertenece A USTED.

Entonces, recibidos estos $165.000 por parte del banco, a la AFP solo le falta completar los $45.000 restantes y listo. Ahí están los $210.000 que le paga mes a mes gracias en mayor medida, a los intereses que su propio dinero generó y en un caso mínimo, a sacar dinero del fondo que usted acumuló en su vida laboral.

En resumen, de los $56.000.000 que usted tenía, la AFP en total, solo le devolverá $8.100.000.
¿Qué pasa con los $49.900.000 restantes? 
La AFP simplemente se los guarda. Eso es ganancia, por supuesto que a costa de usted.

Seguramente la rabia y la decepción ya le invaden…¿va a seguir defendiendo este sistema o va a difundir la manera en la que hemos sido engañados por décadas?

AFp

De acuerdo a la columna escrita en Ciper Chile por el periodista Daniel Matamala, de CNN Chile, “AFP, el poder impotente”la cantidad de dinero que las AFP manejan,  y que nos pertenecen (en teoría) a todos nosotros, es tan exhorbitante que deja como un pigmeo financiero al propio grupo Luksic, la mayor fortuna económica del país.

Los ahorros de esas cuentas –que, como se insiste majaderamente, nos pertenecen a los ahorrantes individuales y a nadie más que a nosotros– suman $112.673.743.000.000. O sea, más de 112 billones (millones de millones) de pesos. O, si lo prefiere ver en moneda dura, 171 mil 89 millones de dólares (US$171.089 millones) (ver informe de la Superintendencia de Pensiones).

Esta suma gigantesca, inabarcable, convierte en pigmeos económicos a las mayores fortunas de Chile, según el ranking Forbes: los Luksic (US$10.100 millones), Paulmann (US$3.700 millones), Piñera (US$2.500 millones) y los Matte (US$2.300 millones).  De hecho, más que duplica la fortuna del hombre más rico del mundo, Bill Gates (U$75 mil millones según Forbes).

Sabemos que dinero es poder. Y que –Chile lo demuestra día a día– las grandes fortunas en nuestro país se traducen casi automáticamente en una gigantesca capacidad para hacer lobby, influir la legislación y obtener regulación a la carta. ¿Por qué, entonces, los dueños del mayor poder económico del Chile contemporáneo se sienten impotentes, como demostraron al salir a la calle para protestar contra el sistema de las administradoras de fondos de pensiones?

He ahí la genialidad del sistema. Las AFP son un formidable instrumento para quitar poder al Estado y entregarlo, no a sus legítimos dueños, sino a los dueños de las empresas que los manejan. Y no es un efecto colateral. Es una consecuencia premeditada. En su libro «El cascabel al gato: la batalla por la reforma previsional», el inventor del sistema, José Piñera, se felicita de que su creatura «significó una disminución gigantesca del poder político del Estado sobre la economía». El cambio «equivalió a privatizar varias decenas de las empresas que efectivamente pasaron al sector privado».

La trampa es que el trabajador-propietario es un dueño despojado del poder que esa propiedad debería entregarle. Ese poder es capturado por otros: por los dueños de las AFP. Al diseñar el sistema, Piñera descartó que los fondos fueran gestionados por cooperativas o «entes jurídicos nuevos, constituidos por los propios cotizantes».

Las AFP serían, en palabras del entonces ministro del Trabajo, «empresas con dueño».

Dueño, claro, distinto del legítimo propietario de los miles de millones de pesos que dan un enorme poder a esas empresas.“, señala la columna.

El daño colateral a nuestra confianza y a nuestro futuro es tan grande, que hoy personajes sin escrúpulos hacen crecer con nuestros ahorros a esas mismas empresas que se coluden, realizan malas prácticas y nos estafan a diario. Y el cuento está muy lejos de terminar.

 

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