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La vergonzosa fijación de Chile por Venezuela: El problema de mirar la paja en el ojo ajeno.

La situación de Venezuela sin duda que es complicada. Manifestaciones, barricadas, decisiones políticas erradas del oficialismo, la mediocre retórica de Maduro, el aprovechamiento de los grupos empresariales, la derecha venezolana que usa un discurso populista para defender únicamente sus intereses, EE.UU que espera mirando desde las alturas como un ave de rapiña, interviniendo de vez en cuando para hacerse de la carroña que deje este escenario político, en especial, el petróleo venezolano. Tal como ocurrió en Chile en los 70 con el cobre.

Problemas internos, en donde Maduro aún cuenta con un amplio respaldo dentro de su país y prueba de ello fue la multitudinaria participación de los ciudadanos en las elecciones de los representantes para la Asamblea Constituyente de ese país, la cual fue un amplio éxito de convocatoria. La validez de los resultados es un cuento aparte, el cual deberán dilucidar los observadores internacionales dispuestos para la supervisión de las elecciones.

¿Qué pasa con Chile?

La postura de Chile ha sido simplemente vergonzosa y se resume en mirar la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio. Equivalente a la vecina que critica airadamente el patio del vecino de la otra cuadra, cuando el suyo está lleno de suciedad.
Suciedad que no existe en el patio de ese vecino, como una educación superior que se encuentra entre las más caras del mundo en proporción a salario mínimo y PIB per cápita, un acceso universal a la salud que aquí no existe , y lógicamente, un costo de la bencina que ronda los 17 pesos chilenos el litro, lo que repercute en el costo de todo, porque el transporte también forma parte de los costos que pagamos por cualquier producto que compramos.

Muchos personeros y partidos políticos chilenos se han creído los edecanes de la probidad y maestros de cómo se deben hacer las cosas. A modo de ejemplo, las críticas de Mariana Aylwin a cualquier parlamentario que omite su voto respecto de proyectos que tienen que ver con Venezuela (y que de paso, son una pérdida de tiempo en relación a temas mucho más urgentes en Chile), son casi diarias, cuando ella misma ha horadado la confianza que los ciudadanos tienen en la institucionalidad vigente, especialmente en temas de educación, en donde es sostenedora de colegios y universidades que lucran, junto a otros personeros DC como Gutemberg Martínez y Soledad Alvear, haciendo de un derecho como la educación, un negocio particular indecente e impresentable. Simplemente asqueroso.

Mariana Aylwin es una reconocida defensora del lucro y las malas artes en educación, las mismas que nos tienen con una población en donde más del 80% no entiende lo que lee y en donde los cálculos políticos se cimientan sobre el aprovechamiento de la ignorancia colectiva y la frágil memoria de los chilenos.

Venezuela, Venezuela, Venezuela…los medios nacionales hablan sobre el tema todo el día, pese a que se ve, aún dentro de los intentos de estos medios de agrandar la situación,  que los venezolanos en realidad sí tienen las herramientas para atender y arreglar sus propios problemas, no necesitan nuestros indecentes consejos y que la ropa sucia se puede lavar en casa.

De las listas de espera, de la persona que murió en Antofagasta luego de esperar más de 7 horas en el hospital, de que somos el país con mayor aumento de contagios por VIH, una enfermedad mortal que está descontrolada, estos mismos medios y estos mismos políticos, tan incisivos con la situación venezolana, no nos dicen absoultamente nada sobre la gravedad de lo que ocurre en Chile.

Muchas personas están seguramente aburridas de esto, porque temas importantes y de primera línea que ocurren en Chile no cobran la relevancia que realmente tienen. Nos metieron un registro de evasores del Transantiago sin mucha noticia, cuando de los evasores de impuestos, que evaden millones en forma delictual o llevándose sus empresas a paraísos fiscales para evitar tributar en Chile, tampoco nos dicen mucho.

Estamos igual que esas personas que le saben la vida a toda la cuadra, pero no vive la suya. Tenemos problemas sumamente graves en Chile y solo sabemos criticar y darnos el perfil de consejeros de un país en donde al menos la educación y la salud son gratuitas y guste o no, su Constitución fue hecha en Democracia. Chile aún se rige por una Carta Magna hecha en Dictadura, con intenciones que no van precisamente en la línea de generar igualdad y bienestar en sus ciudadanos, sino de hacer una verdadera repartija de las riquezas que poseemos en nuestro territorio. Sin ir más lejos, SQM, la principal empresa química relacionada con procesos mineros del país, ganadora de la exclusividad de la explotación de muchos de nuestros recursos, fue regalada por Pinochet a su propio yerno, quien hoy aparece como financista de grupos políticos como la UDI, RN y el PS.

La misma UDI hace un llamado a “cuidar la democracia” en Venezuela, cuando en ese sentido, ellos no son en absoluto un referente y tienen un tejado de vidrio inmenso. No es necesario escarbar mucho en nuestra historia para encontrar a muchos de esos mismos que hoy rasgan vestiduras por la “democracia”, formando parte del círculo de hierro que le celebraba todo al Dictador Augusto Pinochet, hasta las muertes y torturas de miles de compatriotas.

Mientras nos llenan de noticias y alegatos políticos sobre Venezuela, las AFPs nos entregan cifras abiertamente irregulares, sospechosas y  son cualquier cosa, menos un sistema de pensiones. Nueve de cada diez chilenos pensionados recibe menos de 156.000 pesos de jubilación al mes (cifras oficiales de la Superintendencia de Pensiones), mientras que el sistema acumula una cantidad de dinero 128 veces superior a la fortuna del grupo Luksic y al menos 3 veces superior a la fortuna de Bill Gates. ¿Qué ocurre entonces?…¿quién se está quedando con tanto dinero?…sin ir más lejos, solo con los intereses de un banco, el monto que alcanzamos a ahorrar en las AFP durante toda nuestra vida laboral, debería entregarnos un monto muchísimo mayor que el que actualmente nos entregan las AFP, que invierten nuestro dinero precisamente en empresas que abusan de quienes les pusieron dinero para que crecieran. Desde las colusiones hasta los cobros indebidos por las tarjetas que ofrecen las tiendas del retail son solo una muestra de lo mal que estamos, basura que los medios y los gobiernos de turno mantienen como temas ocultos de la palestra.

Hechos que tienen el potencial de decantar en verdaderos escándalos. Pero no, la ropa sucia en Chile se mete debajo de la alfombra, porque primero está la crítica pública al patio del vecino de la otra cuadra. Así, simplemente no se puede.

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EDITORIAL: El desencanto de los chilenos con la institucionalidad: ¿Problema de sistema, de quienes lo operan o flojera colectiva?

Es innegable que ad portas de iniciar la tercera década del siglo XXI, en Chile existe una desilusión generalizada en contra de muchos aspectos básicos del sistema imperante. Algunos culpan a la inoperancia de los gobiernos, otros a los intereses mezquinos de los poderosos, otros a la poca participación de los chilenos en las grandes decisiones. No obstante, al comparar el Chile virtual con el Chile real, aparecen dos realidades diametralmente opuestas.
1) El chileno indignado en las redes sociales o en las marchas, pero que no vota ni participa en las grandes decisiones, que podrían hacer eco de su queja.
2) El chileno que parece estar conforme o resignado con el estado actual de las cosas, pero vota.
Y finalmente, este último es quien elige.

Un personaje curioso de esta época de la historia, es el chileno desinformado. Aquel que irónicamente marcha contra las AFPs, que no se pierde marcha estudiantil alguna, en donde anuncia que quiere quiere educación gratuita y de calidad. Hasta ahí, todo muy bien…hasta que va a las urnas y vota por Piñera.

¿Qué pasa en nuestro país? Las demandas  por las que luchan, finalmente no tienen ninguna relación con las acciones y decisiones que toman. ¿Es el de hoy un Chile no pensante? ¿Es el Chile del año 2017 el de una sociedad demasiado ingenua o definitivamente enferma quizás?

Lo triste es que aquellos que ostentan el poder político y económico, conocen bien este “talón de Aquiles” que muestra vistosamente nuestra sociedad. Saben que al chileno desinformado, se le engrupe con frases populistas, cortas, de fácil comprensión y repetidas hasta el cansancio. Ese chileno desinformado las asume como argumentos propios frente a cualquier debate y ese arribismo crónico del compatriota común que quiere ser de la elite, impulsa aún más a hacer suyas esas frases, que simplemente repite sin entender en absoluto el trasfondo o la intención que hay detrás.

A continuación, podrá usted apreciar cómo es que la UDI le enseña a sus partidarios más jóvenes a aplicar los 11 principios de la propaganda nazi de Joseph Goebbels, disfrazados en este documento inocentemente como “Los 11 principios de la comunicación política”. En esta captura solo se aprecian 8, pero la intención es absolutamente clara.

UDI Guzmán

Ponga mucha atención en el quinto principio. Aquel que trata de imponer una idea sobre las personas en base a la “vulgarización” conceptual de ciertos dogmas, los cuales son repetidos hasta transformarlos en una frase que comúnmente leemos en partidarios de todos los colores políticos: “da lo mismo quien salga, mañana hay que trabajar igual”, “comunistas resentidos”, “fachos pobres”, “él es empresario y no necesita robar” y tantas otras, que seguramente usted habrá apreciado.

Es curiosa la situación, pero es claro de que mientras estos 11 principios sigan siendo aplicados sin que la gente tome consciencia de que es ante todo una estrategia política, al igual que hacerse los desentendidos frente a los casos de corrupción, no tenemos mucho que hacer como sociedad. Aceptamos lo que nos hagan repetir a costa de cajitas de mercadería, de oncecitas o de una simple sonrisa.

Nos pueden decir “estúpidos” en nuestra cara, pero siempre habrá gente que lo celebre. ¿Por qué?…porque lo repite sin razonar, por adoctrinamiento, casi por osmosis. Y volvemos a empezar, la rueda de la ignorancia colectiva sigue girando, sin intención de detenerse.